La celiaquía es una enfermedad autoinmune crónica en la que el organismo presenta intolerancia al gluten, una proteína presente en alimentos como pan, salsas y pasteles. Aunque el gluten no representa un riesgo para la mayoría de las personas, en los celíacos provoca una respuesta inmune que daña el intestino delgado.
Cuando una persona con esta enfermedad ingiere gluten, el sistema inmunitario lo reconoce como una amenaza y desencadena una inflamación en las microvellosidades del intestino delgado. Estas estructuras tienen un papel fundamental en la absorción de nutrientes. Al inflamarse y atrofiarse, la capacidad digestiva y nutricional del cuerpo se ve comprometida .
La inflamación del intestino puede provocar diarrea, estreñimiento, hinchazón, espasmos y dolor abdominal, alterando la digestión normal.
Debido al daño en la microbiota intestinal, que juega un rol clave en la respuesta inmunológica, las personas celíacas pueden ver su sistema inmunitario debilitado .
La mala absorción de nutrientes causa problemas como anemia por falta de hierro, pérdida de peso no intencionada y, en algunos casos, intolerancia a la lactosa—no por intolerancia real, sino porque se dificulta la absorción de sus componentes .
El intestino posee su propio sistema nervioso y produce aproximadamente el 90 % de la serotonina del cuerpo. Cuando está afectado, no solo empeoran los procesos digestivos, sino que también disminuye la formación de serotonina, lo cual puede provocar irritabilidad y cuadros depresivos .
Actualmente, no existe una cura para la celiaquía. Sin embargo, una dieta estricta sin gluten permite recuperar la salud intestinal y aliviar los síntomas. En algunos casos, se recomienda suplementación con vitaminas o minerales y una dieta rica en fibras para favorecer la recuperación del funcionamiento digestivo .