En esta sección te compartimos pequeños datos sorprendentes y educativos sobre salud, seguridad alimentaria y más.
Nuestro objetivo es generar conciencia, promover el bienestar y fomentar prácticas responsables para cuidar nuestro entorno.
¡Una forma simple y entretenida de aprender algo nuevo cada día!
¿Sabías que… almacenar los alimentos a la temperatura correcta previene la proliferación de bacterias peligrosas como Salmonella o E. coli?
Muchas bacterias responsables de intoxicaciones alimentarias crecen rápidamente entre los 5 °C y 65 °C, conocida como la “zona de peligro”.
Por eso, mantener los alimentos refrigerados o congelados es esencial para la seguridad alimentaria.
Recomendaciones básicas:
Guardá carnes y lácteos en la heladera apenas llegues del mercado.
No dejes alimentos cocidos a temperatura ambiente por más de 2 horas.
Separá alimentos crudos de cocidos para evitar la contaminación cruzada.
Una buena conservación es clave para evitar enfermedades transmitidas por alimentos (ETA).
¿Sabías que… la basura mal gestionada puede atraer roedores que transmiten enfermedades como leptospirosis?
La leptospirosis es una enfermedad bacteriana que se transmite a través de la orina de animales infectados, especialmente roedores. Puede ingresar al cuerpo humano por heridas en la piel o por contacto con agua o barro contaminado.
Una gestión inadecuada de residuos crea un ambiente perfecto para ratas y otros vectores.
Medidas preventivas:
Mantené los residuos siempre en bolsas bien cerradas.
Usá cestos con tapa.
No dejes restos de comida al aire libre.
Evitá acumulación de agua estancada o basura en patios y veredas.
Una ciudad limpia es una ciudad más saludable. ¡La prevención está en tus manos!
Sabías que… la forma en que congelamos y descongelamos los alimentos puede marcar la diferencia entre una comida segura y una potencial fuente de enfermedades?
Congelar los alimentos detiene el crecimiento bacteriano, pero el peligro aparece cuando se descongelan mal. Si un alimento crudo se deja horas a temperatura ambiente, su superficie puede alcanzar rápidamente una “zona de riesgo” donde las bacterias se multiplican sin que lo notemos.
El frío congela el tiempo. Pero al descongelar, la cuenta regresiva vuelve a empezar. Lo ideal es dejar que ese proceso ocurra lentamente, dentro de la heladera, donde las temperaturas se mantienen seguras. En cambio, el microondas acelera el proceso, pero obliga a cocinar inmediatamente para evitar riesgos.
Una vez descongelado, no se debe volver a congelar sin haber cocinado antes. Esa doble exposición a cambios térmicos favorece la proliferación de microorganismos que, aunque invisibles, pueden afectar nuestra salud de forma seria.
Lavar alimentos como pollo o carne cruda puede parecer una buena idea, pero esa práctica favorece la dispersión de bacterias a través del agua. Las gotitas microscópicas que salpican pueden caer sobre superficies de cocina, utensilios e incluso otros alimentos.
Contrario a lo que se cree, el agua no limpia, solo extiende lo que está presente. La verdadera barrera contra las enfermedades transmitidas por alimentos no es el enjuague, sino el fuego.
En cambio, frutas y verduras sí deben lavarse cuidadosamente, sobre todo si van a consumirse crudas. Agua potable y una buena desinfección son esenciales para remover restos de tierra, residuos químicos y microorganismos del ambiente.
Saber qué se lava y qué no, es el primer paso para transformar una cocina en un entorno seguro.